Llegó Corina a Barcelona y caminó la ciudad de punta a punta. En su plan de no tomarse metros decidió recorrer todo a pie, su medio de transporte, más fiel. Por las mañanas que yo trabajaba no la podía acompañar pero ya por las tardes me unía sus paseos.
Estuvimos por los típicos lugares de Barcelona como La Sagrada Familia, la Rambla, la Barceloneta, el Paseo de Gracia y demás pero también en otros fuera del circuito turístico que ya conocen los que viven aquí: como la casa portuguesa de calle verdi o la pizzería de la esquina.
Estuvo impartiendo sus conocimientos de lavado al Gordo, que hasta último momento tenía dudas de como lavar la ropa blanca.
Fue testigo de los ruidos que aquejan a nuestro hogar y, también, de la selva amazónica que han levantado un nuevo vecino. La obra que teníamos detrás de casa, ya está prácticamente terminada y al nuevo inquilino, no se le ocurrió mejor idea que levantar unos yuyos de 5 metros y taparnos toda la venta, la luz y el aire. Estamos en tratativas.
Se hizo amiga de los pakistaniés del super de la vuelta y ya se conocía todo el barrio.
Subo algunas fotos ilustrativas de los buenos momentos.



